Oración de los acorralados (20-10-17)
Gallo paciente, cuando anuncies la euforia de setiembre,
trayendo las lluvias reconquistadas,
cuida nuestras envidias y pretensiones;
nuestros alborotos solitarios.

En tu plumaje intransitable
lavaremos nuestra histeria de ciudad.
Los fieles nos reconocemos;
nos volvemos inmortales en los campos sin patriotas.

Ten cuidado entonces, querido gallo:
cuando lo único que nos quede sea la curiosidad
estaremos negados
por los estómagos más descoloridos.

Pisa por nosotros todos los corrales
y la verde isla de la consciencia;
constrúyenos puentes apurados de palitos
para transitar el hambre.

Te prometemos, gallo santísimo,
que cuando nazca el invierno,
nos iremos sin saludar, con la luna del cazador,
tambaleándonos; casi borrachos al azar.