El gato que odiaba a los gatos (a Lezama Lima)
Acto sorpresa de nuestros fusiles:
carta a los animales y las plantas.
Brindis por los días de frutas blancas,
por las sobras del verano en fuga,
por las hernias, las gotas, los almanaques.
Ya no tengo género ni órbita encantada,
¿qué crees que soy capaz de hacer
después de resucitar entre todos los perros?

Yo puedo humedecer con caricias
la mirada americana.
La envidiosa mirada americana
sobre las mentas y albahacas sembradas
que desenterró el alma oscura de la brisa,
que dejó pasar a los animales gruesos
para que mueran aquí con su escarcha
mientras el parto o la flor o el engaño nevaban.

Y no te olvides del ron para el huérfano,
que me estoy envenenando la cola
de juiciosa narración.
Aunque el caerse aquí siga endurecido
continuo escribiendo por los tejados escondidos
del costado parido de la luna.
¡Imagínate, miles y miles de pequeños bordes,
de pequeñas lunas, todas cayendo por mí!


Prueba de hogar
Una calle fascinante,
ladridos de perros responsables,
cortinas blancas bordadas…

vecinos amables sin nombre,
una enfermedad para guardar cama,
fotos tuyas lejos de las telarañas
y cerca de todos los deseos.


Ámbar y gris
Ahora esto es un manglar desvanecido.
El asfalto de las tres de la tarde es la sed,
El mono es la tormenta.
Pongo mi mano en tu cintura para no caerme:
Pretextos, ceremonias, botellas de ron.


Poema desde la silla pequeña (cielo de Somerset, 1985)
He visto que las estrellas ocultan sus párpados
como reinas muertas bajo extrañas temperaturas.
Mal amadas mal lloradas mal escritas,
sus luces parecen espaldas de plata
que se deshacen en horas líquidas.
Alzadas, como islas que saben y no saben,
cuelgan del cielo su aliento como una navaja.
Sus bostezos son medallas blancas
cuando a extrañas temperaturas las veo y no puedo dormir.


Torniquete
Traiciona al cielo
y observa el tráfico
en la hora de la ubre enfurecida.

Rojo sabor aroma
nace junto a la responsabilidad del agua,
a través de la electricidad de un pájaro
toda la paciencia se vuelve a lograr.


Esperanza, Diane
humores con capas de negro a la mañana, no pasa nada
los bordes de los labios desconocen los dientes afilados, no pasa nada
desinfectar o ahumar o lavar, no pasa nada
los muchachos locales nos decepcionan, no pasa nada
no hay música de cama para soñar, no pasa nada
mamíferos y no amantes, no pasa nada
versos púrpuras sin púrpura, no pasa nada
pájaros dibujados sin motores, no pasa nada
se acabó el zumbido proletario, no pasa nada
niños blancos como moldes de la luna, no pasa nada
no hay tregua en la noche que prometió refugio, no pasa nada
humildes en las callecitas con olor a eso, no pasa nada
las casas dejaron de ser mágicas, no pasa nada
tibieza a la hora de aceptar la última pieza de pollo, no pasa nada