Simplemente fallo y observo el cielo
Qué gravitación de antiguo mundo, de peso, de fuerza.
Qué desahogo me encuentra para acechar la felicidad.
Qué hago descansando mientras el mundo habla.
Qué malhumor me trajo hasta aquí, obstinadamente.
Qué prudencias, entonces, no he escuchado.
Qué perdones me serán negados por estos blandos momentos.
Qué me sostiene mareado y seducido.
Qué desesperación, qué curiosidad seguirá.
Cuéntame amor, qué.


El desuso de los ruidos
Gatos sombreados, incapaces,
con otra imaginación.
¿De balcón, de fuga?

Quizá de rocío prisionero,
lamentando haberse
perdido el centro del texto,

convertidos en capricho
por todos los rincones
del silencio.


Yeats

Suficiente misterio
Moneda de mármol,
del amor enloquecido
que acuñaron los poetas
con aullidos somnolientos,
puertos y vergüenza,
te describo bostezando:
ya nadie se casa en montones,
ni vuelve a Irlanda abatido.

Suficiente desafinación
En fin,
cuánto
acaricia
el abanico
envilecido
de una
dama…

cuando eso suceda
desenterremos
del aire
un párrafo
de nubes
escoltadas por el amor.


Mujer búho descalza,
entre los oros de la sardana y la alquimia
quise acercar tu cuerpo de plumas
a mis manos frías como cuerdas.

Aunque tu tarea de ayer hoy no me contemple,
los colores que dejaste
para la túnica de la luna
aún perfuman mi despertar,
mojan como una magia de cristales y vainillas.