Lo que no decimos en la intimidat (bomber and sober)
Ustedes, vosotros, bostezos,
vosotres (en serio, en chiste, en serio, en chiste).
Ay, si lo supiera escribir en el irremediable ruso de Putin,
o nombrarlos en el checo fermentado de Kafka.
Oralidat, ma o meno, presas con cáscaras, ¿estamo?
Cabroncetes comentadores de la metafísica,
del dulce de leche, del agua negra,
sorpresas vistas como brujas en el Raval.
Corsarios velas tristes del Paraná,
platos voladores del Rhin y sus best stories evaaa
que contaminan las aguas con su ausencia.
Matadores en los cables que creen que las mujeres
no duermen por la tardanza del ahorita.
Figura y fondo latina n. 1: taxi, aeropuerto, ambulancia,
nada aconsejables en los afueras del lejano zinc click tank.
Temporariamente como Dylans en el sunyiaaainnn,
encendemos la radio y nos dice que estamos bajos.

Nosotros, nosotres (en serio, en chiste, en serio, en chiste),
nuevamente compartiendo las toallas de cuerpo en el iglú.
Us, as, cartógrafos, heridos por nuestro hijastros
nos sentimos propios de nuestra sonoridat.
En Kensington pedimos solo una pelota
con la punta en la culpa de la lengua.
No somos más que melodramáticos atragantados
todavía en los panes y las aspirinas del cuatro de julio.
Pasteles comiendo y teniendo,
admitimos que ningún punk de provincia sabe surfear.
Como heladeros de cortísimo verano
nos celebramos en medias chupadas así,
llenas de sencillez y alplasss.
Siempre de bocas abiertas y distancias nuevas,
como amarillos saltarines en los anzuelos,
nos gusta gritar y escribir con pena:
¡qué ciudad de mierda es Santa Fe!

Sobre el final de este poema suena una trompeta desafinada, un aire afrancesado y revoltoso lo invade todo. Scott y Harwicz caminan felices por las calles de Polanco. Juntos han descubierto que Tom Waits inventó el hip hop, despotrican porque Aira regaló sus dragones, y, fervientemente, mientras los aturde el adverbio, creen que Masaryk fue un ricachón más.


La noche se despierta en Hoboken
El retorno a los pollos calientes,
a los arpones de Moby Dick,
a los cubos de hielo en la frente
durante las indecisas horas del otoño.

Adentro de las películas
solo se mueven las sombras
de los tangos amarillos,
síndromes americanos.

El centro de gravedad
de este pequeño corral
agoniza en una flecha verde sin prisa
viajando como un elefante.

Para la estrella que observa todo
como si ocurriese una tontería
esta es la mentira dolorosa,
y también como la contamos.


Una puta fábrica de peros (pureza y deletreo)
Todos los traductores visten espantosamente.
Toda gran arquitectura endulza la medicina.
Todas las lesbianas llevan cortes de pelo eróticos.
Toda reputación es una impuntualidad.
Todas las fotografías desorientan.

Todas las coincidencias son grandes,
Muy grandes,
Nada grandes.


Aunque el silencio… otra cosa ocurre
¿Cuántas horas de nuestro silencio
han sido hipnotizadas por poemas de hijas
en las cocinas silenciosas de sus madres?

A sus palabras les debemos el sueño
de aparecer en una de sus escenas,
llenas de afectos y pacientes desayunos.

Osadías, admiraciones, grandes vestidos.
¿Cuánto no sabemos de esos corazones
cuando se sumergen en el amor?


Reescritura de un poema sin título de Tilsa Otta
Cachorros ya grandes
Edificios de gris eterno
Charco de ojos de la tierra
Nada es tan fácil
Así me lo dices
Con tus palabras expuestas
Es anécdota mi expresión ausente
Buscando placer
En tus cariños
Cansados de mí