Goya loco a cal viva

Los ojos acerados
La respiración quieta,
La majas aguadas y su voluntad
De combatir las arenas,
El soplido de los caballos
Girando sobre el polvo,
Los frailes decepcionados
En sus encierros de bordes negros,
El trazo amaestrado
Que se desprende de los caprichos,
La fantasía del tiempo plegada sobre la casa

 


Díptico de ¿cómo te sientes ahora?

Más vueltas

Giraba como un plato volador,
Como una pila de cocaína,
Como el vestido soñado de la muñeca

La galaxia era un sombrero de hebras de pesadillas,
El mundo era mucho más nuevo de lo que pensábamos

Paraíso flotante

Contaba mil caramelos dorados por el sol,
Mil cuartos de milla domando al viento,
Contaba hasta mil sobre el parche del ojo de una ballena

Y mi yo horizontal era una Sefirá,
Indecisa entre lunes como anzuelos
Y triángulos de dedos sin descanso


Cachorro de agua (reescritura de un fragmento de Herman Melville de W. H. Auden)

No se debe abandonar el Mar, siempre humano,
que rodea nuestro cielo
y nos acerca la Tierra todos los días,
hasta en la brisa salada que sacude la madera
carga un nombre (como todos) y es casi un solitario
aunque atestigüe los cantares de los peces:
cada vez que se aluna las mareas son lo mismo,
y es el Mar el que se despide como un cadáver
y llora hasta ser escuchado por la hierba
mientras ambos son olvidados por nuestros ojos.


Futuriana (tercera versión)

De aquellas horas inocentes frente a los tinteros
Es la curiosidad de las cartas por sus destinos
Pureza deseada por las embajadas rápidas
(Y es tu estatura más arcana que los perros
Cuando no quedan pistas ni cálices)

No veo dientes futuros en mis manos
Huyendo con la ropa apretada
Comienza el tiempo de los bailes desnudos
Mientras los callejones brillan tercos
Y ni siquiera tienen luz