Enramada
todas las horas
sobre todos
los climas
sobre todos
los cielos
sobre todas
las ramas

y sobre todas
las certezas
todas las palabras
enterradas
en la nada
o en el nunca
o en el siempre


Largo masticar
Dátiles de la hora del Cristo protector,
divertidos Ulises de pieles arrugadas
entre los dientes sensibles,
cuero y carisma que parte las encías
y el ocio de los sonámbulos.
Cruces de carozos oxidados
que nos dejan orgullosos
para preparar un entierro nocturno
entre la bestialidad y el aburrimiento,
como hombres llorando en corrientes
sobre el nadar nocturno de los peces.


KYEO (el yo fugaz)
Mantén los ojos abiertos, poni sonrojado cumpleañero.
Vendrán por ti corredores de larga distancia
y juventudes que aún sudan los brazos.

Y en tu nueva edad carnosa,
de roja medicina y segundas nupcias,
los poemas serán inexplicables.

La memoria también será masticada
junto a la mañana del este
y la imaginación antojada.

Luego de los brindis costurados,
y los retratos familiares del yo fugaz en otros cuerpos,
jurarán tus compatriotas sobre los montes domésticos.


Bocetos de variaciones sobre versos de Inés Aráoz
I
Como puede una yesca, un caballo
Cargar la bestia en su estómago
Y sin más restregar marchando
La sangre de pago
Ajena y vencida
Roja silvestre
Que no se sentía roja

II
En el coro de la flama
La sangre del extraño
No la codiciosa falla mía
Pide la ajena y marchita
Rosa extranjera próxima a la muerte
Serena roja pesada

III
Sin más desear soñando
Pagar la frialdad con sangre ajena
Ajena y rasando la distancia
Roja quebrada y tibia
Roja roja roja