La noche se despierta en Hoboken
El retorno a los pollos calientes,
a los arpones de Moby Dick,
a los cubos de hielo en la frente
durante las indecisas horas del otoño.

Adentro de las películas
solo se mueven las sombras
de los tangos amarillos,
síndromes americanos.

El centro de gravedad
de este pequeño corral
agoniza en una flecha verde sin prisa
viajando como un elefante.

Para la estrella que observa todo
como si ocurriese una tontería
esta es la mentira dolorosa,
y también como la contamos.

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