El gato que odiaba a los gatos (a Lezama Lima)
Acto sorpresa de nuestros fusiles:
carta a los animales y las plantas.
Brindis por los días de frutas blancas,
por las sobras del verano en fuga,
por las hernias, las gotas, los almanaques.
Ya no tengo género ni órbita encantada,
¿qué crees que soy capaz de hacer
después de resucitar entre todos los perros?

Yo puedo humedecer con caricias
la mirada americana.
La envidiosa mirada americana
sobre las mentas y albahacas sembradas
que desenterró el alma oscura de la brisa,
que dejó pasar a los animales gruesos
para que mueran aquí con su escarcha
mientras el parto o la flor o el engaño nevaban.

Y no te olvides del ron para el huérfano,
que me estoy envenenando la cola
de juiciosa narración.
Aunque el caerse aquí siga endurecido
continuo escribiendo por los tejados escondidos
del costado parido de la luna.
¡Imagínate, miles y miles de pequeños bordes,
de pequeñas lunas, todas cayendo por mí!

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