A Raymond Carver desde otra habitación
Milagros, milagros
y nada más.
No recuerdo caminar
una explanada junto a la laguna
ni tomar notas rápidas
para un próximo poema.
Recuerdo algún que otro movimiento
que realizaba tu cuerpo dormido
cuando yo lo miraba de lejos
y los cigarrillos encendidos
en la habitación de una noche
cada vez más oscura, más oscura.