Carta a Hernán Sagristá
Los barcos y sus perros,
guardando el aliento por las opiniones del calendario
mientras sus fechas desaparecen en alta mar.

La humedad y sus perros,
juntos en los vapores internos de los ríos,
en los crímenes de luna llena.

Los borrachos y sus perros,
pasados de moda con elegancia,
volviéndose invisibles en los gases de la luz.

Los volcanes y sus perros,
durmiendo en otros mundos,
despertando a ladrar la noche pública de nuestros valles.

Los hospitales y sus perros,
cuerpo de dos cabezas, tan descalzo, tan cansado,
que desconoce los relojes.

Las prisiones y sus perros,
en la misma hora distantes y cercanos,
rascando el aire con sus manos rojas.

Los poetas y sus perros,
encargados solemnes de la pólvora,
siete veces para que los salmos entren en razón.