Reescritura de “Las cuatro de la madrugada”, de Wisława Szymborska (nueve a.m.)
Hora que la noche nos devuelve.
Hora de los otros costados de la luna.
Hora para estudiantes ruidosos.

Hora pasada del acecho de los gatos.
Hora en que la tierra exhibe nuestros pobres hombres.
Hora en que el viento se detiene ante nuestras penas.
Hora y-si-delante-de-nosotros-no-quedara-nada.

Hora de castigos, de prisa vacía.
Para hablar en silencio, sonámbula.
Maraña de todas las horas.

Nadie se siente bien a las nueve de la mañana.
Si los poderosos se sienten bien a las nueve de la mañana,
habrá que felicitarlos. Y que lleguen las diez,
si es que tenemos que seguir viviendo.