Simplemente fallo y observo el cielo
Qué gravitación de antiguo mundo, de peso, de fuerza.
Qué desahogo me encuentra para acechar la felicidad.
Qué hago descansando mientras el mundo habla.
Qué malhumor me trajo hasta aquí, obstinadamente.
Qué prudencias, entonces, no he escuchado.
Qué perdones me serán negados por estos blandos momentos.
Qué me sostiene mareado y seducido.
Qué desesperación, qué curiosidad seguirá.
Cuéntame amor, qué.