Ahogar las joyas
El vals en un crimen brillante se recibe con aplausos. La educación no debe abandonarse aunque estemos frente a un escenario muerto. Después de las fracciones y los encantos, el cristal de la copa agrandará la pradera y nos separará de las contradicciones. Todo parece… uy, las ganas de… Toleraste y ahora tus hijos, con lento perdón y escalofríos me avergüenzo. El plagio de estornudos y mariscos será real cuando retemos a médicos impacientes, de muebles perdidos y recetas fáciles, a que padezcan lo que sabemos. La alergia desoída o enterrada quizá desprenderá una felicidad menor en la espalda diabla. Ay, ay, ay, lo maravilloso del plan de los austeros, las simples concordancias de la cercanía. ¡Cómo nos hemos librado de las suculentas y los tiranos! Cuando la correspondencia oficial es conspirada e inescrupulosa silenciosamente aceptamos todas las madres y manías. Y aquellos discursos de forzudos de circo, que nos traspasan el cuerpo alunado, forman una única pintura pensativa, vorazmente autoritaria y saciada. El opaco, el traidor, el sacramento y las disgustadas barricadas de piedra e insomnio son los sólidos adorables de la noche. El alcohol de las brújulas descompuestas, en las malas manos de los amantes, atrae puros nombres de fe como antesala de los excesos. Yo clamo decidido en la matanza: traición y semejanza no vuelvan… les juro que nos están vigilando. Mi muy redonda serenidad es un disfraz y un silencio ensayado. Rendido en la zona formal, con peluca de olivos y ropas de búho, donde el adiestramiento es un secreto a punto de… shhh… escondo las riquezas con el desnudo del ruido. Tomo de las lluvias el agua y los arrebatos de soledad. ¿Dónde aprendí eso? En la estrangulación, con los bailes desastrosos de los encerrados y las malezas que nos heredaron sus animales. ¡Cuántos descuidos chivos de viejas mañanas con nuestros ojos a la funerala! La leche concilia, los inimaginables también. Pero no dejan de sufrir mis empastes, mis dientes mal gastados y las uñas más largas de la libertad. ¡Esa mueca de felicidad ajena, cita de guerra o atajo, que finalmente nos termina matando!

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