Perdiendo caballos, degollando tertulias
Hemos llegado al hogar
Desde la guerra sin sangre
Lenrie Peters

I – Debí elegir entre un susto nuevo o gracias por lo prestado
Permíteme sacar cuentas ahora que las exageraciones dejaron de ser maravillosas: el hormiguear sopla, nunca aprendimos alemán y mi perra media judía piensa que algo se derrumbó. De moco y mocasín me di cuenta que Manhattan estaba lejos y Auster era un extraño para disparar; todas las palomas descomponían la frescura de sus trajes.
We need a tarasca beat of luck, balbuceaba y me repetía un viejo criollo.
Hoy que hay un desierto, donde antes había bailarines y canallas, los motores de pulso reviven los saludos militares por conveniencia. Diamantes burlones, sin la querida prudencia, se arrastran al polvo galante del peyote: culpables que practican el Habrase visto… y el Hazme el favor…
Esos ayeres de tetas y puchitos, de sexo victorioso y supercherías al tuntún, hoy son pitucones para arrodillarnos veloces. ¿Cómo no ser un astronauta en los tiempos de Cristo, cuando la palabra no existía y una construcción menor era la de temblar en la traición?
Del hierro al ave todos picotearon mi cabeza y debí sortear un drama entre tanto héroe y designio. Malicias superlimpias que bailan en las mañanas.
Ya en la niebla, juntos, con las manos hervidas, sin poder tocarnos la presencia o las carambolas del amor, un Ay caray, tormentas de langostas otra vez… cuando fuimos a las tumbas a aullar.

Darlin’ don’t you go and cut your hair
Pavement

II – Con tarambanas shock y dulcineas del montón
Una mirada de arpón y el placer nos dejó a gatas. En un quieto Hong Kong mexicano de cuarto oriente aplaudíamos teléfonos mientras nos refugiábamos con tigres de resina a cantar tangos con calzones prestados. ¡Pastas amargas para buches rococó nos dieron de comer!
Un minuto después de Dios solté el amor; un minuto después Dios soltó el amor y sonaron valcesitos en la radio mientras soplaba un Delicados bastante imparcial. De la nueva cinematografía barata y las medicinas de contacto estaba asqueado; perezosa machina ex cuco.
Cook Pug and Kick Cocker trajeron el desajuste: taimaron las balanzas con pequeños infiernos para tostados; bailarines del cri cri y zoquetes de la fe. Show bis bis zzz zzz, vinagreta del bop que nos volvió infelices.
Algo cansado de licenciados que nos obligaban a mucha cucha, recé y me pronuncié ante la mortal orquesta: insoportable y larga vida al dictador, males de miles no se curan con agua y ajuares; y el mismo jazz carbón de mi griterío tronó en las banderas de babas rojas que querían quemar en las Antillas.
Apenas me sorprendían los perros nerviosos en las ventanas mientras moría: ladraban concentrados en someter y exiliar las coronas de huesos durante la celebración; agrios perfumes de los decentes que montaban una mula especial sin la pata izquierda.

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