La pintura cansada
Huyendo a Nápoles inútilmente
El Bautista loco y desnudo
Abraza una cabra también rechazada
Como serpiente blanca
Jugando encantada
Se enreda en toda la sombra
Orgulloso de su pálida niñez

Resoplando sin dientes
Ni corajes domésticos
Entre pinceles como acantilados
Y ofensas como retratos
El príncipe rubio
Límite del lienzo oscuro
Acuesta y duerme la violencia final