El oso libre del oso admite la niebla
De donde vengo rengueando brillos
el infortunio de los desatendidos
es la letra rojiza cayéndose
El cuento húmedo que no respira

Una ironía en la herramienta
de las maracas proletarias
limpia las suertes inexpresivas
de los campos de sapos y victorias

La orilla sangrante en la histeria del siglo
luce quieta el revés del milagro
Su espuma nos observa descalzos
en el horror de la mañana

Una sanción mojada un rigor temprano
nos niega amargamente
mientras la corona del panal eléctrico
acecha sin moda ni modales
alacenas rojas vencidas

Y ahora que nos extrañamos
inútiles y lejanos
placenteros como la piedra
nuestra mala interpretación comunista
nos sonroja aturdidos

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