Vendrá ajena
Carozo hembra en el escándalo del amanecer
hoy eres un acá perfumado;
sentada fumas y tiemblas,
parada comprendes los bordes lobados.
Descarnada, preparas la cena con tus venas y
alargas la rama del encino hacia el libro;
encuentras las hojas más serenas de rodillas,
granates por el uso y
asustadas para comprender tu garganta.
Vas a dormir allí donde versos rojos y envejecidos
adornan y consuelan otros suelos.
Un lecho de olivas y vinagre.

Carozo hembra olvidas el mundo en tus modales y
atas los niños a la pata de la cama.
Cuentas las cosas que abandonas con cuidado:
Llaves, cartas, relojes, lápices…
Te entierras y piensas en no florecer;
terminar así con las deudas del alba
y los dientes perdidos en la mugre.
Pero sucede lo preciado incierto:
Toda la embriaguez de la palabra abundancia
te hace entrar en razón como un aroma capaz.
Te desentierra y suelta a tus hijos;
conspira con el poeta para que te pueda sostener.

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