Hola Javier, cómo estás???
Mi nombre es M. Lichtenstein, soy un poeta santafesino radicado en México desde hace más de diez años.
Hoy, cuando escribo estas líneas, es domingo cinco de julio a las 16 horas. Ayer se perdió la final con Chile y acá no para de llover.
¿Por qué te escribo?
La verdad es que realmente no lo sé. Pero supongo que siento la necesidad de decirte que me apasiona la forma en que entendés un partido de fútbol.
Te cuento que soy un enfermo del deporte, pero no de esos que escriben en los foros de los diarios, putean a todos porque sí o hacen promesas ridículas creyéndose técnicos.
No, a mí me gusta el juego (como lo practico solo en una canchita cerca de mi casa no lo veo como un deporte), como el baseball o el ajedrez. O sea, un espacio de tiempo con reglas, formas, características lúdicas, ideas e intérpretes. No soy una persona de estadísticas, ni muy capacitada con los números, pero entiendo perfectamente que las chances de ganar o perder las finales son cincuenta y cincuenta. Como sé eso de antemano, perder no es motivo de depresión, ni de querer cortarme las venas. De hecho ahora mismo me siento bastante feliz escribiéndote.
Hace unos años, entendí que tenía que desdramatizar el juego si quería entenderlo o siquiera poder sentarme a analizarlo para seguir sacando conclusiones que me permitan disfrutarlo. Porque eso es lo primero que hago cuando me siento a ver los 90 minutos de un partido: “disfrutarlo”.
Por eso las palabras “frescura” o “pecho frío” o directamente las frases “con Masche voy a la guerra” no las entiendo y ni siquiera me interesa entenderlas.
Lo que me interesa es ver parados, formaciones, gestos que delatan lo que pasa por la cabeza del jugador o el técnico en diferentes jugadas, etc.
Por todo esto te quiero decir que disfruto mucho verte jugar. Porque noto que sos un apasionado del juego, de entenderlo y de interpretarlo. Sos un tipo que labura para que el fútbol sea mejor y no un simple trabajador del fútbol. Para mi eso es importante, porque además me da la idea que tenés tu premio por ese sacrificio-satisfacción.
MIrá… te cuento que yo no vivo de la poesía, de hecho tengo que trabajar en un hotel catorce horas diarias para vivir. Pero llego a casa a la hora que sea y me pongo a escribir o a leer porque entiendo que la única forma de poder vivir de eso es sentándome a trabajar en eso.
Y también me sirve escribirte para decirte que admiro que puedas vivir de lo que te gusta y no lo desperdicies… sino que seguís intentando mejorar o encontrar nuevas razones para estimular el juego y tu rol dentro del mismo. Eso es admirable y me fortalece para seguir con lo mío.
También creo que desmistificás eso del argentino que no entiende lo que es perder o que si no gana no sirve. Ahora, no lo dudo, debés estar muerto, pero tampoco dudo que te vas a levantar porque sabés que es lo que hay que hacer… Porque sabés perfectamente que de cuarenta millones solo once entran a la cancha y eso es una satisfacción ganada a base de esfuerzo, trabajo e inteligencia. Lo demás es verso. Lo lamentable es que en el fútbol el verso es enorme. Pero bueno… es así y supongo que también hay que entender eso para saber como concentrarse en el juego.
Ayer cuando el partido terminó, mi mujer, a la cual el futbol no le interesa, estudia budismo y creo que quiere a nuestros perros más que a mí, se quedó conmigo viendo tus declaraciones después del partido y se largó a llorar. Pero no solo por tristeza… la conozco muy bien y sé que también eran de felicidad. ¿Por qué? Porque vio una total sinceridad frente a tan sensible situación. Y eso es maravilloso. Que alguien que no le importa en lo más mínimo ese deporte pueda ver eso en tus palabras no hace más que afirmar algunas de las cosas que escribí más arriba. Y me reconforta, porque cuando uno está enamorado confía en los pequeños gestos del amor.
También te quiero agradecer las últimas dos finales que vos y todos los jugadores me permitieron ver. Tengo treinta y seis años y nunca, con la madurez suficiente para disfrutarlas, había podido ver dos finales en un tiempo tan corto. Te digo que fue reconfortante poder ver partidos tan importantes y disfrutarlos.
Te repito: en este mundo de una rapidez innecesaria, los resultados ya no me interesan tanto.
Te dejo un abrazo grande y espero de todo corazón que esta carta llegue a tus manos y la puedas ver.
Si es así te agradezco de antemano el tiempo dedicado a estas líneas.
Un nuevo abrazo y otras gracias enormes.

M. Lichtenstein

Correo: diezero@yahoo.com

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