De lo extraviado
Hombres tan encantados,
de mármoles en mitades nerviosas,
que ruegan junto a un pedernal
poder reencontrarse.

Se balancean como tiznados,
sin encontrar el sosiego,
ni los latidos completos de la noche,
de la sombra compañera.

Pero no es allí,
en los bermejos insolentes de las piedras,
donde sus deseos enloquecerán.

Obviamente,
a esos desdichados
hay que decirles la verdad.

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