Pomposo inadecuado incluso para un perro
Hoy me encontré con el mal
y fosforeció su decisión:
al confundirme con su lujuria,
desnuda de un negro amarillo,
la paz marchita,
ya no me convenció
de calmas o silencios.
Ríeme un sol, si puedes,
me desafió.
Todo lo acepté como invisible,
propio de un desasosiego,
caótico, voluminoso.
Me quemé con lo innombrable,
con lo difícil de soportar,
lo que paraliza la lengua
y no permite lo asombroso de la memoria.
No sabía hacer otra cosa,
y aunque conociera algo útil,
o necesario para este mundo,
mi cuerpo embravecido
se volvería agua dulce en esas circunstancias.
No, no es un malogrado enigma
ni un pasadizo sustancioso,
que excita la sangre del curioso;
sino la maldición más divina y antigua,
la de perderse en cuñas y revoltijos
de andares y posibilidades.
Fascinaciones que nunca aseveran
o niegan un final,
momentos desatados, sin ejes:
ni animales libres de pasión,
ni escapes con la fortuna
me muestran este monstruo consolador,
este prisma de corazones
y tiempos que recaen hoy;
embriagantemente sobre mi.
Con la boca y las designios llenos,
tengo toda la desesperación
más hermosa que intuyas.
Y te repito: acepté manso,
con la paciencia del que espera
cuando todos marchan,
para llegar con tardanza y enorme pudor,
sin tener que contestar preguntas
de comedias desafortunadas,
narrativas de los que esperan bondades frías,
pases de magia o torpezas inevitables.

Por favor, deje su mensaje

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s