Perfil de rufián: se estaba muriendo también (algunos párrafos apenas)
… aquel hijo de una tarotista predijo bailar polkas y klezmer a pura intuición y apostó dos Marry Queens al dominó. Entusiasmado perdió y apostó dos más.
Él, que obligaba a los gatos más pobres a no bajarse del tren mientras conspiraba en el avión, también dormía parado.

Cómo deseas estrellar tu fama:
-Comprando y vendiendo canciones como sal. Sin temerle al corazón ni al patrón!!!

Exagerado en el ademán, movimiento de manos parmesano, inversión judía en la culpa, pan, oliva y prisión menguante para el elogio de su vestir.
Oh, ese trajecito amarillo que te coció mamá; donde se olvidó todas las agujas adentro.
-Mi bebé soporta cualquier cosa que le pongas. No lo quisieras ver frente a una dama. Pareciera que se rascara el amor.

Esperó la muerte de un noble para mostrar una lágrima popular.
Y empezó a admirar:
-Yo también puedo colgarme y volverme arte. No tengo hijos que me reclamen,
y ya no quedan obras en esas viejas galerías, David llévame afuera, por favor.
Miau Miau: mensaje de hambre para pobres idiotas.
Si te cuento la verdad sobre Japón vas a sufrir.

Gusano de mezcal en la salida, es una sonrisa comprada; paga el último grito de salud
y disimula que es un haragán poco patricio en una familia de haraganes.
Como una tibia moneda entró al juego y buscó un metro libre solo para malgastar
todo el mirador. Después lo contó todo como un cuento, en una iglesia llena de niños.
Aquella cita oportuna con cristianos y renacentistas.
Persiguió un contoneo felino que no esperaba señales y les vendió cruces a los desafortunados; arriesgó amigos temprano.

Aunque al mundo le parezca imprudente tenerlo lejos:
Es una porción de tierra para sardinas en el desierto, la sal en el café, el producto vencido sonriendo en el mostrador.
Pasa, compra, disimula y rompe suertes en segundos.
Así, apasionado, canturrea en riquezas ajenas, de agradecidos aficionados.

Dice, dice y dice: En el infierno se necesitan disfraces y señuelos para sobrevivir.
Papel y picahielo, acosado por el trabajo, no le sirve más que moldear un prisma.
Nunca olvida la máscara de cera que le miente hasta al sol.
Ve redondearse una tempestad y se dice que no le tiene miedo al exilio.
Desde un viejo lugar puede recordar y maldecir, pero no arrepentirse.
-Para qué… O acaso el infierno no es para todos igual.
Por Dios, sin Dios, sin ley, sin muerte.