Fragmento de “Las Horas Peronistas”, poema en constante rutina
Segundos descreídos
de las almas de los sonámbulos,
esos que chocan con todo,
buscan marcarse sin especular,
donde los camaleones no dudan
y las muñecas se cortan.
Pero las horas peronistas no sangran
porque derramar es injusto.
Se soban la herida de izquierda a derecha
y sospechan más tiempo.
Pronto hay certezas;
como la sobremesa y las siestas ganadas.