Catalanas, etc.
Gil de Biedma me recordó:
Rambla y Carrer Dels Tallers,
había una ruta para admirar
y decidí perderla.
Dejé balcones y pintadas de lado,
olvidé el tufillo soberano
de las novedades políticas
recién salido de los diarios
y abandoné la sal mediterránea
que coronaba mis ropas grises.
Todo lo hice por los vapores
de las mujeres catalanas:
modernas de ayer,
de azules y membrillos encantadores,
dispuestas a la charla distraída,
de andar despreocupado,
ofreciéndose a los vendedores de flores
como lavandas curiosas.
Y sus cabellos recogidos por el calor
entrelazaban mis ojos con la magnífica
música encontrada;
primitivamente bella,
como en mi adolescencia.