La saciedad permitida / Acerca de Broadway y el cordero
Y acechas mis acciones,
y las coronas con palabras inoportunas.
Mejor coloca algodones y ahógame.
Mira caprichosamente alrededor,
verás que tus límites no tienen aroma ni consagración
y lo desgraciado por mis maldades al revés:
no te niegan la palabra,
ni mi boca cansada.

¿Qué corriente es aquella que te seduce como un anzuelo?
Un baile de metal, una palabra de oro.
El oriente más deseado.

Ah!!! Son viajes indomables,
donde no soy invitado por sobra de miedos,
donde te hablarán en lenguas duras,
que esperan dormir en tus camas.
Y aquí sigue hirviendo la pérdida de tus pequeños
maternales besos, hoy sonajas oxidadas.

Aunque te despintarás pronto, te predicen hasta los poemas,
porque la lluvia de hierro es el mundo que se va,
y yo ahora practico una bravura genial,
que me permitirá decirte cuando vuelvas
que necesito ser más viejo para darte consuelo.