La sangre de los Ángeles (fragmento encontrado de novela olvidada)
-¿Usted sabe quienes son los bitles?, preguntó el niño mientras tironeaba de la camisa de Lizinski y extraviaba sus ojos en el suelo.
-¿Los bitles?, preguntó confundido Lizinski.
-Una señora del otro pueblo, bastante conocedora de todo, dice que en Coronda hablamos mal: que la frutilla no es frutilla sino fresa y que los bitles, que eran unos muchachos muy conocidos, pero que acá en Coronda nadie los había escuchado nunca, tocaban una canción que hablaba de las fresas. Pero que en vez decir “fresas” los bitles decían “estroberis”, eso contaba la mujer, y todos le creímos. También decía que la canción no era mala; pero que la entendían solamente los que se drogaban en otros países hace mucho tiempo.
Mi mamá dice que todo es cuento, que la frutilla la inventamos nosotros y que por eso no se puede llamar de otra manera. ¿Usted conoce a los bitles?
-Un poco nene, antes los conocía más, pero los olvidé, dijo Lizinsky y de pronto volvió a recordar que se olvidaba de muchas cosas.
-La señora también dijo que los bitles eran muy conocidos en todo el mundo pero que luego se separaron. Y nos contó que se pelearon porque uno era un tonto que escribía canciones de puro amor, que otro no sabía que hacer con sus canciones, que el otro era un drogadicto que andaba con una china que lo manipulaba y que no le caía bien a los otros tres y que el cuarto era el menos tonto de todos pero a nadie le importaba.
-Puede ser un poco así, porqué no, respondió Lizinsky disimulando un ataque de risa por semejante inocencia. Aunque inmediatamente sintió culpa por subestimar al pequeño.
-¿A usted le gustan los bitles señor Lizinski?, preguntó curioso el niño que parecía no querer dar por terminada la conversación.
-Un poco, a mi papá sí le gustaban. Pero yo siempre escuché más a los Who.
-¿Quiénes son los ju?
-Who. Unos a los que no les fue tan bien como a los Beatles.
-¿Por qué?
-Por los Beatles.
-¿Es verdad que la frutilla es fresa, como decía la señora esa de otro lugar, o es estroberi, como la de los bitles?
-Es frutilla, seguro que es frutilla. ¿De dónde sacaste lo de fresa?, gritó Lizinsky que ya empezaba a olvidarse el inicio de la conversación.
-Y los ju dicen frutilla, estroberi o fresa.
-No usan esas palabras. Nene, ya no me molestés más, no tenés a nadie más con quién jugar o hablar de estas cosas.
-No señor. Siempre están todos en el bar de don Raúl y ya nadie habla con nadie, todos se emborrachan y gritan con los partidos de futbol.
-¿Y las mujeres?
-Están solas y de malhumor en sus casas con sus hijos. Pero tampoco hablan con ellos.
-Entonces, con quién hablas.
-Con Victoria, mi perra. Es muy buena para la conversación; cuando no está durmiendo. ¿Quiere conocerla?
-Entonces andate con tu perra que yo estoy trabajando.
-Usted está investigando…, y el niño no supo como terminar la frase. Se alejó lentamente y fue a buscar a Victoria que estaba retozando en la sombra de un arbolito muy pobre de hojas.
Cuando la tocó con la punta del pie descalzo, Victoria, sin levantarse preguntó: qué te dijo el señor ese.
-Qué los ju eran mejores que los bitles esos que me contó la señora del otro pueblo. Pero que les había ido muy mal por culpa de los bitles, aunque no me dijo que les habían hecho exactamente.
-Eso seguro, resopló Victoria mientras se rascaba una oreja. Te contó algo de la niña desaparecida y los otros misterios del pueblo. O si tiene alguna idea de donde está mi hermana Estela.
-No le pregunté, dijo el niño y se encogió de hombros. ¿Vos ya sabías de los ju?
-No, dijo Victoria y también se encogió de hombros sin dejar de rascarse.

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