Rimbaud
Después, y bien bajito, para ganarse un beso, dijo: “mira que fría se me ha puesto la cara”.
Yo no digo palabra, embobado contemplo sus blancos cuellos donde los rizos se derraman.
Sobre mi sillón sentada, sin ropa, junto sus manos.
Te hablaría junto al labio e iría apretando tu cuerpo cual de niña ebrio de sangre.
… y, quizás, como araña algo loca, mi beso correrá por tu cuello.
Estás enamorado… Alquilado hasta agosto.
Con diecisiete años no puedes ser formal, cuando los verdes tilos flanquean los paseos.