Instantes despierto
(Y es necesario aclarar: su proyecto ideal habría sido llevarse al inglés al Titanic para que, mientras apreciaban soldaduras poco recias y tornillos cansados antes de zarpar, le contase un buen chiste de despedida al capitán y sus invitados. Aunque en su peor pesadilla, el inglés, Kingsley Amis, le despreciaba una cerveza por tratarse, eso lo remarcaría el propio Amis como un experto, de una malta barata sin cuerpo alguno para satisfacerlo)

Se encontró un burro en una noche helada en su vuelta del todo
No tuvo más que fotografiarlo para cambiar las horas
Y creer que algún inglés jocoso y elegante lo consideraría una situación inmejorable
Acaso un excéntrico, pensaría el mortal que a esa hora duerme y no cree en poder fotografiar un manso burro pastando sobre la medianoche
Ya desatado de lo que debió ser una madrugada de fastidio y aún con la sonrisa hinchada se acostó con el cine de somnífero
Instinto: el perro debería comerse al perro en esas situaciones
Pero no lo hace, pensó sobre la almohada mientras el monte se dormía también
Su fe en la imagen era una duda de scrabble
Sucio juego de unos pocos
De aquellos que, no tenía dudas, emboscan y se salen con la suya
Despejó las sábanas todavía secas
Y se sentó a ver a una niña pintarse a sí misma sobre la respiración entrecortada del monte
El silencio poco se parecía a la quietud con que se asocia a semejante palabra
¿Había silencio o era solo un rumor de que podía haberlo algún día?
Ya no se preocupaba por los sueños, había que proteger el idilio con el burro, al inglés, a las conspiraciones del cine y a los rugidos del silencio montañoso
Y llegó la musa, otro rumor, pero ahora más creíble
Así se fue el dolor de tener que dormir como cualquier hombre: lleno de certezas y de vida