Citados en la inmensa repetición
respiramos como las piedras
La mirada satisfecha en el plástico
angustia a las flores pegajosas
de los manteles en las comidas

Ay el arte y sus hechizos
Búscalos en los libros
son de alientos largos
de esos que soportan ver con cuidado
si soportamos el descuido de morir


Perdón pero he pensado en el suicidio
La montaña estaba tan fría
con la sexualidad atrapada en la niebla
que pensé que el agua de su falda
no pararía nunca de caer
Llovió tan pronto esa noche
de excepcional magia vieja
que hasta olvidé por qué odiaba
Un árbol extranjero
con sus ramas entre los escalofríos
reprendió mi espalda roja sin vida
Me había sorprendido manso en mis reflejos
embobado por la sangre
con la devoción entera cayendo de mis manos
Por eso no le pedí perdón a él
ni a su dulzura de naranjas y caricias
Y no recuerdo desde entonces
desde que caí de los costados de la luna
cuál ha sido mi mayor pecado


Nosotros
amontonados
alcohólicos
disimulando
en campo seco
obsesionados por una voz
dos voces
mil voces
apenas pretendiendo
algún azar
no demasiado arrugado
para cortejar
los ríos del interior


Acerca de El cerebro musical (palabras de César Aira)
En cualquier sitio
En cualquier momento
La rareza misma de la historia

La intersección de la trayectoria de una bala
Madura para adivinar
Los cuerpos de los otros

La milésima repetición de un drama
Un delicioso suspenso
Ya decididamente mágico


Mantén los ojos en el agujero
abanicos y anzuelos

de plantas de costado
y mañanas obesas reconozco

entrando en miles de sonrisas
en cuanta fatalidad aparezca
costa a costa razón a los fantasmas


Chúcaro fatuo (interior griego y femenino)
Vio venir la dentellada, segura y feroz,
sin la moneda pactada.
Cien años en las costas, precio comercio.
Claro, es incierto, para el Caronte experto
o el asesino rumoroso,
lo de la china vengativa,
sirena envuelta en su rebelión.