Novenas de alcohol de una pitonisa
Ebria, escuchando las horas pájaras.
Ebria, deletreando la palabra cuerpo.
Ebria, escondida del dios cegador.
Ebria, maldiciendo la tibieza de las campanadas.
Ebria, en honor a la revancha de los salitrales.
Ebria, tomando un muerto entre mis manos.
Ebria, en una luna difícil de sexo.
Ebria, desmintiendo las planicies.
Ebria, cometiendo primaveras.


Teatro femenino desnudo
Anarquismo y ataúd,
se escribirá mi sombra sin faltas.

Yo recogeré todo lo elegante y ennoblecido
de la vida trabajada.

Perderá mi hijo su último aliento
cuando sepa quién es su padre.

O mejor, jugando con un revolver
delante de sus hermanos.

Yo no negaré el rumor,
iniciaré un murmullo.

Odio.
Odio.
Odio.

Los poetas tendrán hijos policías
y nada podré hacer.

Me cercarán las manos que desprecio
y me contendrán dentro de un teatro solitario.

Dejaré cartas sugestivas a mis amados
y sus fallidas locuras de ropas rojas.

Mi dolor será como una visión y una serenidad
donde hasta los versos perfectos morirán.

Oh, Dios.
Oh, Dios.
Oh, Dios.


Cama de dos estrellas
Ciertos trucos y rabias
comparten nuestra fe,

pero el claroscuro llena
de coral y morfina la sien.

Nos falta el gusto
para los aunque,

aunque un meridiano pasa
bajo nuestras ropas.

Sobre una marea de ecos
nos detenemos a respirar,

caen las cerraduras cansadas
y simulamos una obsesión:

tenemos miedo de doblarnos
y lastimar la última noche.


Louise Brooks
El corazón sabe que el disparo en la niebla es ella, la hija muda del cuervo de Poe que reposa en ventanas y altares distrayendo a los amantes. Aunque la nieguen, ella es ese primer sigilo, la mala paciencia de la abeja gris y su sien carbón que todavía revienta de poemas que no puede recitar. En la fotografía más negra todavía es. Cientos de sus gestos avivan su capricho ave ante un nuevo truco del océano. Frente al cuero de la nostalgia también es ella la sirena, cargando un tambor de nieve, ahuyentando la rutina blanca del frío. Eso es todo lo que no deja de ser, las costumbres que hoy olvidan los colores de sus victorias. Escándalo, hogar, aguijón y sentencias.


Porque sé que va a venir por primera vez
Que tenga tiempo y paciencia en los pechos.
Que me permita siempre una última noche.
Que cargue una seda transparente para que pueda ver mis pies.
Que sea una mujer armada como las otras mujeres.
Que me contemple como los pájaros que no se esconden.
Que escriba mi última carta a Marte.
Que se muestre harta de los adioses.
Que no tome fotografías ni apuntes.
Que hinche el espacio con sus ojos negros.
Que me recite todas las noticias del día.
Que no crea que somos familia.
Que llegue con adjetivos modestos.
Que sea mi necedad, pero también mi sonrisa.


Whaam! (llanto de colores formales)
Amor de invierno aunque cama roja,
en la habitación más visitada
mujeres rubias matan sin esperanza
cubos de hielo del vaso abandonado.

Las estrellas recorren la marcha del sueño
sobre los besos de los amantes,
pero ninguna logra atrapar
el rayo amarillo que será arte.

Sus lágrimas vivas posan sobre las frutas
el whaam! de las explosiones
que grita desde pinceladas plata
cuanto puede enseñarnos acerca del amor.