The Infumable 
¿Qué es un libro? Sólo pienso en ella, lejana, alien, inalcanzable, inexpresablemente bella.
Bob Chow

Imaginable, espiralado.
La tumba, la consagración, el desfile
de peces extraños en un país extraño.

Solo tengo tres formas de vivir:
como una piedra,
como un Go,
como una acrobacia.


Puertas y cartas
Las estrategias y los telescopios,
puertas y cartas que se abren
con la mediación de la noche.

Cristales profundos se mueven:
copias de las estrellas anunciadas
entre las nubes que actúan y desaparecen.

Suerte plateada llega del afuera frío,
nocturna de algún planeta aún lactante.


Modas
Am I to become profligate as if I were a blonde?
Frank O´Hara

Apparatchik
Stiletto
Tambourine
Pico de cobre
Matarife

Los egos alambrados
Los vientos altos
Las películas de madera
El cuero del gonzo

Bocetos
Bocetos
Bocetos


Carta a Hernán Sagristá
Los barcos y sus perros,
guardando el aliento por las opiniones del calendario
mientras sus fechas desaparecen en alta mar.

La humedad y sus perros,
juntos en los vapores internos de los ríos,
en los crímenes de luna llena.

Los borrachos y sus perros,
pasados de moda con elegancia,
volviéndose invisibles en los gases de la luz.

Los volcanes y sus perros,
durmiendo en otros mundos,
despertando a ladrar la noche pública de nuestros valles.

Los hospitales y sus perros,
cuerpo de dos cabezas, tan descalzo, tan cansado,
que desconoce los relojes.

Las prisiones y sus perros,
en la misma hora distantes y cercanos,
rascando el aire con sus manos rojas.

Los poetas y sus perros,
encargados solemnes de la pólvora,
siete veces para que los salmos entren en razón.


Una investigación antes de la mentira

-¿Quién es Hemingway?
-Un tipo que repite lo mismo una y otra vez y otra y otra vez,
hasta que uno empieza a creer que debe de ser algo bueno.
Raymond Chandler, Adiós Muñeca.

Hay poemas así,
donde rara vez llueve y un poco de racismo es bienvenido.
Con las maldiciones listas
en las voces raspadas del suburbio,
con búhos fumadores,
socios comprensivos,
luces amarillas,
parecidas a abejas perdidas,
erguidas sobre tipos de camisas acaloradas,
maravillados con la sensación de hablar mal del clima
o muy bien de la comida mexicana.
Con el reverso del alma flotando en la costa,
contando las tradiciones aparecidas,
tempranas en lo culpable,
de ahorcados con las joyas puestas
y las medias escondidas,
que gritan a Dios y a los muelles
qué mentones llevan esas mujeres,
las de las ambiciones tristes,
que toman los juegos, las trampas,
las copas de un detective que solo es importante
porque todos los crímenes pueden ocurrir.
Y así piensan los gatos también,
esos que nunca caminan explotando
y se esconden con el ojo en la procesión y el tráfico,
olfateando a la mujer que te sigue
sobre la linea del mar,
porque el dinero suele suceder cerca del mar
mientras preguntas cuál es el apuro,
si todo nos lleva a mansiones y lujos
donde antes había una buena ciudad,
lejos de la caída del sol,
de la primera palpitación,
que siempre va enfundada en el amor que se fue
y cambiando soplones y cafeterías
por las soluciones que se van encontrando como imanes
cuando el detective vuelve a creer.
Y perdón si algún pájaro encontrado es puesto en apuros,
pero un crimen resuelto guarda todo,
pastillas y noticias,
mil cigarrillos,
caramelos que son suertes
para el buen ojo angustiado,
amado por las rubias armadas y las deudas,
y la comunicación de los gatillos,
que cumple un deseo amargo
sobre el final feliz de la justicia.


Tarot de tus melodías
Y de noche apareces,
sin acelerar las sobras,
tierno de por fin,
con ramas portátiles
para atravesar los edificios.

Cuántas fotografías caben en tus dedos
si acompañas mi ropa
entre las ranuras de tu cuerpo,
mientras las dedicatorias
despegan a los lienzos de la luz.

Quizá del intranquilo ahora,
cuando tus hojas marcadas por los domos
parten de la mañana porque el aire se vuelve gris,
entienda el bien que puedo aprovechar
de los caballos y los incendios.